Presentación

¡¡¡Holaa!!!

Somos unas chicas del 1999 a las que les gusta mucho escribir, nos llamamos Alba y Patty (eme8eme y Como tu quieras, respectivamente).

Cada cierto tiempo colgaremos una entrada con un trozo de uno de nuestros proyectos (diríamos cada semana, pero entre exámenes y vacaciones...). Claro que puede que no sea el final...

También escribiremos algunas ideas o textos que tengamos.

Nos encantaría saber vuestra opinión, aunque nosotras seremos quien tomemos la decisión final, así que no os esperéis nada. Si queréis saber algo sobre alguna de nosotras preguntárnoslo. Y si vais a poner algo, ponerlo muy claro, para no provocar confusiones...

Espero que os gusten las historias, no esperamos gran cosa de ellas, pero queremos compartirlas. Como dice nuestra autora favorita, Laura Gallego "bueno, por algo se empieza, ¿no?"


sábado, 26 de mayo de 2012

El principio del fin

Kela corría y corría por su vida. Nunca antes había pasado tanto miedo. Mientras la Bestia le perseguía, intentaba recordar sus mejores momentos en la vida.
Las tardes que había pasado con sus amigas de la infancia, aunque la mayoría de ellas estuvieran muertas. Las risas, el olor del bosque, el primer beso... Eso la reconfortó: pensar en sus seres queridos, pero se le acababan las fuerzas y a su vez, la vida.
Su única posibilidad era que Numa consiguiera alcanzarles y matar a la Bestia con su poderosa magia, que había moldeado y conseguido en todos sus años de estudio.
Kela podía correr y correr hasta el infinito, si sus fuerzas también fueran infinitas... Tal vez consiguiera legar al bosque, la dirección a la que se dirigía. El bosque era su hogar, su territorio. Aunque ese no fuera el mismo en el que se había criado, estaría en ventaja porque al descubierto era vulnerable.
A Kela le perseguía la Bestia, un enorme felino que tenía más pinta de mono que de gato, pero que era muy mortal. Era difícil de describir, ya que si te quedabas mirándola fijamente, su poder podía llegar a volverte contra tus aliados, simplemente te hipnotizaba y ya no eras dueño de tus propios actos.
A la Bestia le seguía Numa, aunque no lo sabía y por eso tenían una pequeña ventaja. El joven consiguió darle con un hechizo pirotécnico, pero debido a la distancia, sólo la asustó. Kela siguió corriendo y gracias a Numa consiguió subirse a un punto alto en el límite del bosque, para tener a tiro a la Bestia que avanzaba amenazadora y lentamente hacia su mejor amigo.
Ella sacó un tubo de madera con un dardo tranquilizante, pero sólo disponía de una oportunidad, ya que había perdido su arco en batalla. Arma que había aprendido a utilizar años atrás cuando tuvo que aprender a defenderse sola de alguna manera y su maestro no conocía el uso de la espada, ni de ninguna. Pero tenía buena puntería, por lo que consiguió darle en el costado a la Bestia.
Kela y Numa sabían que no tardaría en despertarse, pero les daría tiempo suficiente para huir y despistarle en el bosque. Por eso eso ahora estaban en una laguna quitándose la sangre para que no siguiera su rastro.
Kela era consciente de que la mayoría de la sangre no era de ninguno de los dos, si no de Suyam, un amigo suyo de combate que había sido dañado por una flecha, proveniente de un arquero que había escapado.
Numa y Kela se cogieron de la mano y anduvieron alejándose del sitio en el que se había producido la batalla.
-Lo más sensato sería coger provisiones si vamos a tardar mucho en salir del bosque- propuso Numa. Ahora, sin sangre, ni barro se distinguían sus rasgos más característicos: ojos grises, pelo castaño...
-Tendremos que cazar y no tenemos armas, con bayas no bastará- dijo Kela.
-En un rato me habré recuperado y podré usar la magia.
Y así pasó una semana en la lucha de la supervivencia, hasta que salieron del frondosos bosque, pero no les gustó lo que encontraron.
Estaban en una ciudad en ruinas con millones de cadáveres. Había habido una lucha y se había perdido... Era como si una bomba hubiera explotado y cinco minutos más tarde una ciudad entera estaba muerta...
Oyeron a alguien tosiendo, era una joven que estaba tirada en el suelo entre la vida y la muerte. Se acercaron y se dieron cuenta de que ya nada podían hacer por ella. Tenía una herida en el costado horrible y otras muchas más por todo el cuerpo, además de la brecha de la cabeza cuya sangre no estaba seca todavía, como las demás heridas, si no que goteaba sin cesar.
-Vino un mensajer...-intentó decir, su voz era débil y cansada.
-Creo que nos puede contar qué a pasado aquí- dijo Kela ofreciendo a la joven la poca agua que le quedaba del lago. Porque por suerte la tenía colgada, así habían sobrevivido: gota a gota. La muchacha bebió y volvió a decir:
-Vino un mensajero diciendo que los bárbaros estaban de camino, que habían... arrasado todo. Éramos su próximo... objetivo- hablaba aceleradamente, por si su tiempo se le acababa antes- Después irían a Liken.
-¿Bárbaros?- se sorprendió Numa.
-Millones- estaban viendo como se le acababa la vida -Se dirigen a Like y...
Nunca llegó a terminar la frase. Apoyó su cabeza en el suelo y los dos pudieron ver un mechón de pelo rubio, que no estaba cubierto por la espesa capa de cenizas.
-No los alcanzaremos- dijo Numa.
-Ya lo se... por eso voy a abandonar.
-¿A estas alturas?
-R me ayudará a esconderme, nunca me encontrarán.
Numa no estaba convencido.
-Imagínatelo.
-Kela, ya sabes que te quiero, iré contigo siempre que pueda. Estaré a tu lado, aunque tú no quieras... ni me desees.
-Sabes que no es eso, te amo, Numa, pero...
-Pero eres incapaz de olvidarle- completó la frase- Ya no te quiere y, según lo que me contaste, ya no es el mismo y lo sabes.
-El hombre al que amé está muerto, lo acepté. Pero no acepto la posibilidad de que vuelva.
-No podrás esperar mucho tiempo.
-Tomaré una decisión cuando lo vuelva a ver, te lo prometo.
-¿Y después aceptarás mi amor?
-Eso ya lo he hecho, lo que no he hecho es corresponderlo como te mereces.
Numa se acerco más a ella, cogió su cabeza entre las manos y la besó inténsamente, disfrutando de cada momento, pero esta vez ella no se apartó.
-Iré contigo -le dijo Numa- Pero tienes que saber que esto no es el final.
-Lo sé.

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